El proyecto DARK demuestra una fuerte correlación entre la presencia de drusas en el fondo de ojo y el empeoramiento de la función de adaptación a la oscuridad

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Los resultados de la investigación, llevada a cabo con la colaboración de la Fundación Josep Palau Francás, concuerdan con el hecho de que los depósitos drusenoides se localicen justo por encima de la capa de fotorreceptores de la retina. El tiempo de adaptación a la oscuridad se de ne como el tiempo necesario después de un deslumbramiento para recuperar la sensibilidad hasta una cierta intensidad de estímulo, definida en este estudio como 5×10-3 cd/ m2. Éste tiene relación con el tiempo necesario para que los pigmentos de los bastones, fotorreceptores encargados de la visión en baja iluminación, puedan regenerarse.

El estudio ha diferenciado entre los pacientes con drusas blandas y los pacientes con un fondo de ojo formado mayoritariamente por drusas reticulares debido a la diferente localización de estos tipos de drusas en las capas de la retina.
La investigación concluye que los pacientes con drusas muestran una capacidad de adaptación a la oscuridad más pobre que los pacientes del grupo control (sin problemas visuales y con un fondo de ojo normal). Este deterioro se acentúa en el subgrupo de drusas reticulares, un hecho que concuerda con la localización perifoveal de las mismas y que coincide con la zona con alta densidad de bastones.

La Barcelona Macula Foundation: Research for Vision (BMF), en colaboración con la Fundación Josep Palau Francàs, ha llevado a cabo el estudio DARK: Deterioro de la función de adaptación a la oscuridad en pacientes con drusas. Esta investigación la ha realizado la colaboradora de la BMF y coordinadora de ensayos clínicos del Institut de la Màcula, Míriam Garcia, optometrista y Máster en Investigación Clínica, bajo la dirección del Director Médico de la BMF, Dr. Jordi Monés y el co-investigador Dr. Marc Biarnés, epidemiólogo clínico e investigador. También ha contado con la colaboración de la Dra. Anna Sala Puigdollers, retinóloga del Institut de la Màcula.

La investigación toma en consideración el hecho de que haya estudios que postulan que la presencia de depósitos drusenoides puede impedir un correcto transporte de moléculas entre fotorreceptores y el epitelio pigmentario de la retina, lo que comporta una adaptación más limitada a las condiciones de baja iluminación. Se considera la evidencia que las drusas reticulares son fuertes predictoras de la progresión tanto de la Degeneración Macular Asociada a la Edad (DMAE) neurovascular como de la atrofia geográfica (AG), que es uno de los estadios más avanzados de la DMAE. Desde esta posición se antoja clave interpretar el papel que ejercen estos tipos de drusas en la patogénesis de la DMAE.

En investigaciones previas llevadas a cabo en la Universidad de Alabama se cuantificó la función de adaptación a la oscuridad comparando diferentes edades y estadios de la DMAE, y se concluyó que esta función empeora con la edad y a medida que avanza la patología.

El estudio DARK ha comparado el porcentaje de pacientes con drusas blandas o reticulares que sufren alteraciones en la función de adaptación a la oscuridad en comparación con un grupo control de retina sana. También se han calculado las diferencias de tiempo de adaptación a la oscuridad entre los sujetos con drusas blandas y drusas reticulares. Se ha hecho estableciendo y comparando la media del tiempo de adaptación a la oscuridad RodInterceptTime (RIT) para cada subgrupo, a través del instrumento AdapDX (Maculogix®).

Se han seleccionado pacientes de más de 50 años con predominio de drusas blandas o reticuladas asociadas con estadios tempranos de DMAE en un ojo y sin otras patologías para el grupo de casos. Para el grupo control se han seleccionado sujetos sin patología ocular. Dos observadores independientes han clasificado los sujetos, a partir de las imágenes del fondo de ojo y la tomografía óptica de coherencia, según si presentan drusas blandas, reticulares o ninguna de las dos patologías.

Todos los pacientes se han sometido a un análisis del RIT, considerando el tiempo de recuperación de la sensibilidad visual a 5×10-3scot cd/m2 como variable principal. Un RIT superior a 12 minutos se ha considerado anormal y, si después de 20 minutos no se ha podido determinar el tiempo de adaptación a la oscuridad, se ha considerado que el paciente tenía un RIT de 20.

La comparación de la media del RIT entre los grupos (test de Mann-Whitney) se ha considerado la variable principal, mientras que los resultados secundarios han incluido la comparación del porcentaje de RIT anormales entre grupos (test de Fisher exacto), la comparación de medias del RIT entre el subgrupo de pacientes con drusas blandas y el subgrupo con drusas reticulares (test de Mann-Whitney) y un modelo de regresión lineal multivariable para evaluar la contribución independiente de las características basales en el RIT.

Se han incluido 20 ojos de 20 pacientes, 12 con drusas (8 con drusas blandas; 4 con drusas reticulares) y 8 controles. Los grupos eran similares en todas las características basales medidas (edad, sexo, mejor agudeza visual corregida — MAVC —, presión arterial, diabetes, hábito tabáquico, antecedentes familiares de DMAE; p≥0.08).

Los pacientes con drusas han mostrado un RIT más alto en comparación con los pacientes control (20 vs 6.46 minutos, p=0.001), mientras que no se ha encontrado diferencia estadísticamente significativa entre los pacientes con drusas blandas y los pacientes con drusas reticulares (18.7 vs 20, p=0,11), aunque todos los pacientes con drusas reticulares han mostrado un RIT superior a los 20 minutos. La presencia de drusas y la edad (p≤0,047) se han asociado con tasas de RIT más altas después de ajustarse las variantes de sexo y de MAVC.

El estudio ha concluido que los pacientes con drusas tienen un RIT más alto y, por tanto, la adaptación a la oscuridad es peor que la de los pacientes-control. En esta muestra, más del 90% de los pacientes con drusas han manifestado un RIT anormal. El hecho de que el RIT no se haya podido determinar en ningún paciente con drusas reticulares —como decíamos, todos han superado los 20 minutos- les atribuye una muy pobre capacidad de adaptación a la oscuridad.

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